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TIMOTEO: GRANDES RESPONSABILIDADES hagios

TIMOTEO: GRANDES RESPONSABILIDADES

“Timoteo, hijo mío, aprópiate de la fuerza que Jesucristo da”. 2 Timoteo 2:1

Las mejores y más significativas amistades se dan entre los compañeros de estudio. Durante mis años en el Instituto Bíblico me hice de un excelente grupo de amigos que aún, a 8 años de mi graduación, conservo y atesoro con mucho celo. De esas personas que compartieron conmigo esa experiencia tan enriquecedora muchos son pastores y líderes del ministerio, por lo cual me siento muy feliz y orgullosa.

El sábado pasado se constituyó la iglesia de una de las parejas más hermosas que conocí en el instituto: Eliezer y Yennyfer. Ellos son jóvenes y muy apasionados con la obra del Señor. Han trabajado incansablemente en la ya Iglesia Bautista de la Isabelica, en Valencia, y se han hecho de un nutrido y fiel grupo de miembros. Con ellos compartí muchas horas de estudio, primero como compañera y luego como profesora. Ahora que Eliezer es un pastor con todo derecho, no puedo dejar de sentir miedito ante el reto que tiene por delante.

Pensando en Eliezer me puse a leer las dos cartas de Pablo a Timoteo y no pude evitar el sentir que el apóstol de los gentiles experimentó el mismo temor con su joven compañero de misiones, porque las responsabilidades detrás del liderazgo de una iglesia no son nada fáciles. Estas dos cartas pastorales están llenas de consejos útiles y prácticos en cuanto a qué hacer con el diario acontecer de una iglesia. En esas cortas líneas podemos ver lo mucho que Pablo quiere a Timoteo y cómo, detrás de cada uno de sus consejos, está su deseo de que todo salga bien.

Una de los asuntos que salta ansioso de las páginas de estas cartas personales y sinceras es la necesidad de acometer el pastorado con pureza. Yo me imagino que Timoteo tendría quizás unos 25 o 30 años, o quizás ya pisaba los 40, pero para Pablo era sólo un niño. El apóstol, lleno de amor y protección, insta a tratar a cada miembro de su congregación de acuerdo a la condición de cada quien: A los ancianos y ancianas como padres y madres, con respeto; a los jóvenes como hermanos, y a las jóvenes como hermanas, y acota, ¡con absoluta pureza!

Seguramente Pablo sabía lo importante que es mantenerse puro en el trato con las mujeres jóvenes. Después de todo, el mejor, más preciado y delicado activo que tiene un pastor es su testimonio. El renombrado pastor bautista Charles Spurgeon decía que un pastor debía cuidarse de tres cosas: Fama, Finanzas y Faldas… ¡Y vaya que tenía razón! Todo pastor, como Timoteo, debe tratar con todas sus ovejas, y un testimonio intachable es muy necesario para mantener la autoridad y la confianza entre los miembros de su iglesia.

Las cartas a Timoteo dejan entrever una serie de problemas que plagaban a la sociedad del primer siglo, y las iglesias, siendo parte de esa sociedad plural y gentil, no podían escapar de estas realidades. En los textos se dedica bastante espacio a las viudas y su manutención. Tal parece que las viudas ricas y con familia exigían ser mantenidas por la congregación, amparadas por la ley que establecía que las necesidades de éstas debían ser cubiertas por la comunidad de la fe. Pablo aclara que las familias debían hacerse cargo de sus viudas. Más aún, le dice a Timoteo que no se deje llevar por la influencia de estas mujeres ricas, indicando que no podían enseñar en la iglesia. Tal parece que el dinero, y su influencia, debió ser un problema en estas congregaciones.

Timoteo era responsable de buscar y apuntar el liderazgo de su iglesia. Estas dos cartas traen todo un código de conducta y el perfil ideal de los hombres que podían aspirar a esos cargos. Lo más resaltante son las características que las esposas de estos hombres debían ostentar: Ellos debían ser esposos de una sola mujer (sabiendo que en estas sociedades la poligamia era completamente aceptable). Esa mujer debía ser un ejemplo de decoro y conducta, y ser emulable para las nuevas generaciones. Debía evitar los vestidos y peinados ostentosos, tan propios de las mujeres de dinero y posición, lo cual me lleva a pensar que estas comunidades eran económicamente acomodadas.

Pero es quizás el llamado a la santidad y el apego a la doctrina de Cristo lo que más pertinencia tiene para mí hoy. Pablo habla de momentos difíciles, donde las corrientes falsas son muchas veces determinantes en la sociedad, y es la iglesia la que debe permanecer intachable a su influencia maligna, y atenta a sus embates. El apóstol dice claramente que en los últimos tiempos será muy duro ser un buen cristiano. Y es entonces donde la oración debe ser constante, y el compromiso de enseñar correctamente aquello que Timoteo ha aprendido de Pablo debe ser cumplido a rajatabla. Por eso es que el consejo de apropiarse de la fuerza que sólo Jesucristo da es tan apropiado, necesario y urgente. Sin el Señor Jesús ningún pastor puede trabajar, y ninguna iglesia puede prosperar.

Me gustan las cartas de Pablo porque cada una de ellas me enseña que la responsabilidad no acaba con la ausencia. Este apóstol se embarcó en tres viajes misioneros, donde fundó muchas iglesias y preparó a mucha gente para el ministerio. Su trabajo epistolar habla de un líder presente en medio de las muchas responsabilidades en la obra misionera. Pablo no abandonó las congregaciones en las que trabajó. Muy por el contrario, estuvo presente mediante la oración, la enseñanza, el cuidado, y el concurso de un ejército de colaboradores que pastoreaban esas iglesias. Las cartas a Timoteo hablan de un líder avisado y avispado, atento al acontecer social y espiritual de su gente. ¡Cuánto necesitamos de pastores así!

Es mi oración que Eliezer y Yennyfer sigan el ejemplo de Timoteo, de acometer el trabajo pastoral con criterio, santidad, pureza y obediencia. Y con la Palabra de Dios como guía.

El Señor les bendiga, mis muy queridos amigos.

 

Por Francis Sanchez

Timoteo: Grandes responsabilidades – Francis Sanchez

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