Finanzas y espiritualidad

Protestantes, o ¿Reformadores del cristianismo normal?
4 noviembre, 2019

Finanzas y espiritualidad

Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera:  Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario;  No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal;  Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.  Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; (Proverbios 30:7-9)

  Proverbios 30 es titulado “Dichos de Agur”, aunque no se sabe a cabalidad quién fue este personaje.  Hay quienes piensan que es un apodo para representar a Salomón como autor, un pseudónimo.  Otra teoría apunta a que fue el séptimo hijo de Ismael (Gén. 25:15).  En todo caso, Agur está buscando como una prioridad la sabiduría, esto es, andar en el temor de Dios.  Tal búsqueda queda reflejada en todo el capítulo. 

     Es posible afirmar que Agur es un sabio, un maestro, aunque de pronto presuma más bien de su aparente ignorancia (v. 2).  Él afirma que está limitado en muchas cosas en cuanto su entendimiento de los asuntos de la vida y la espiritualidad misma (Vv. 1-6).  Pero más bien sabe suficiente acerca de los asuntos de la vida orientada por la sabiduría (el temor del Señor).  Su irónica ignorancia me hace pensar en la frase adjudicada a Sócrates: “Solo sé que no sé nada” y a su particular metodología de reflexión conocida como mayéutica.  Por la experiencia que nos enseña la historia, los sabios terminan entendiendo sus limitaciones para, a partir de estas, crecer en sabiduría.

     Agur toca un asunto relevante en cuanto a las finanzas personales de un sabio.  Muchos sabios han dejado constancia de una vida austera, sin esplendores materiales o fortunas cuantiosas.  Diríamos que han elegido vivir en la pobreza, de hecho, el mismo Jesús afirmó que él no tenía dónde recostar su cabeza (Mat. 8:20).  Un poco porque no era su prioridad y no tenía mucho tiempo para “recostar su cabeza”, pero también, un poco, para cortar las ansias de aquellos que se acercaban a él por alguna motivación materialista.

     Nosotros, los menos sabios, tenemos que lidiar con las realidades económicas que nuestros pueblos viven.  El ser discípulos de Jesús no nos exime de ser humanos, personas sujetas a la misma escala de necesidades de todos, aunque ahora, todas estas necesidades atravesadas por nuestra fe en el Dios que provee.  Esto nos lleva a puntualizar lo más elemental que nos permite conocer la psicología acerca de la escala de necesidades del hombre.  El psicólogo Abraham Maslow (1908-1970) realizó una categorización de ellas siguiendo este orden: (1) Fisiológicas: Básicas como agua, aire, alimento. (2) Seguridad: Físicas como empleo, recursos, salud, hogar. (3) Sociales: Amistad, afecto, intimidad. (4) Estima: reconocimiento, éxito, respeto, (5) Autorrealización: Libertad de prejuicio, auto mejoramiento, emprendimiento, espiritualidad.

     Ser creyentes no anula las necesidades latentes en nosotros, pero como creyentes entendemos que la Biblia nos muestra cómo poder satisfacer cada una de ellas de una forma que honre los principios establecidos por Dios.  Además, reconocemos que la primera y más elemental necesidad es la de un encuentro redentor con Jesucristo.  Cuando hallamos libertad espiritual en él ahora, todas nuestras necesidades son saciadas de un modo que glorifica y descansa en el Señor.  Esto implica que las necesidades materiales tienen que ser saciadas con sabiduría.  Por ejemplo, la carencia de recursos financieros debe ser entendida desde la espiritualidad y la abundancia del recurso financiero también debe ser entendida sabiamente. 

     Lo que Agur presenta acerca del manejo de nuestras necesidades materiales, pienso, es la forma más sabia de tratar el tema.  Especialmente en los Vv. 7-9.  Del texto quiero tomar varias reflexiones en relación con esto.  Considerando estos principios de sabiduría para entender cómo abordar nuestras necesidades económicas y materiales. 

La forma como asumimos nuestras necesidades materiales también es espiritual (v. 7-8)

     Lo primero que noto de esta porción de todo el capítulo es que para Agur el tema de sus necesidades materiales o financieras era un asunto importante dentro de su espiritualidad.  No está separando lo económico de su vida en el temor de Dios, por lo que, esta dimensión de su vida era un asunto que trataba espiritualmente.  Dos ideas en tal sentido.  Por un lado, nuestra situación económica/financiera es parte de nuestra vida en el Señor.  Agur suplica:Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario (v. 8).  Fíjese que él está pidiendo dos cosas al Señor.  Está pidiendo ser librado de la vanidad y la mentira y a la par está pidiendo equilibrio en sus necesidades materiales.  Él quería vivir sabiamente, pero también quería tener estabilidad material.  Él no dijo: –Ayúdame a vivir lejos de la vanidad y la mentira que de lo financiero me encargo yo.  Está pidiendo al Señor que obre tanto en su carácter como en sus finanzas.  Esto es sabio.  Requerimos considerar como parte de nuestra espiritualidad nuestra área económica.  Tan importante como poseer un carácter santo, como lo es encomendar al Señor nuestra estabilidad material.

     Por otro lado, nuestra estabilidad económica es algo que le interesa al Señor.  Lo otro que es interesante, es que Agur está haciendo “peticiones”.  Es decir, está orando.  Está rogando a Dios que le ayude en esta área.  Él pudo manejar este asunto solo, pero le está pidiendo a su Dios que le permita hallar equilibrio material en su vida.  He considerado que una de las fallas más terrible de la cultura cristiana es clasificar cosas como lo espiritual y lo material.  Esto sugiere una dualidad en nuestra cosmovisión, la cual, terminamos evidenciando en nuestro carácter y en nuestra conducta.  Lo que Agur muestra es que su forma de asumir su realidad financiera era desde la espiritualidad.  Desde la búsqueda y dependencia de Dios.  Algunos pastores, en broma, decían que a los hermanos hay que bautizarlos junto con sus billeteras, porque eran mezquinos y negligentes con sus ofrendas.  Pero más allá del ofrendar o diezmar, realmente, nuestra percepción de las finanzas personales y familiares tienen que ser reconciliadas también con Cristo.  Desde la escasez o la abundancia esto le interesa al Señor. Además, le interesa, tanto suplirnos en nuestras necesidades como orientarnos para manejar sabiamente nuestras finanzas.

La pobreza material es un extremo del cual hay que tener cuidado (8b, 9a)

     Agur ruega, en primera instancia por no estar en una condición de limitación económica.  Es obvio que se está refiriendo a una situación de necesidad extrema que “le lleve a robar”.  El v. 8b dice: No me des pobreza. . .  el v. 9b dice: O que, siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.  Realmente, debemos entender acá, la pobreza como limitaciones financieras (hay gente que tiene abundancia financiera y también es pobre en otros aspectos).  Esto me sugiere un par de ideas importantes.  Una de ellas es que las limitaciones económicas no deben verse como el ideal de Dios.Puedo adelantar que la riqueza financiera no es el ideal de Dios para todos tampoco.  Pero al menos, ahora, notamos en el texto a Agur diciendo: –no me des limitaciones económicas.   Esta no es una petición común en algunos grupos evangélicos que exaltan la pobreza material como virtud de la piedad.  Mientras que ésta sola frase sería buen material de una serie de varios sermones en grupos evangélicos que sobrevaloran y malinterpretan la prosperidad. 

     Es interesante como los hebreos aprendieron la cultura del trabajo.  Eran agricultores, ganaderos, comerciantes y en el Antiguo Testamento, el escenario de Agur, nunca se separó lo económico de la piedad o de la espiritualidad.  Hoy por hoy, son los judíos una potencia económica mundial (41.613$ per cápita trimestral).  En cambio, los cristianos pensando en que la prioridad era irnos al cielo, olvidamos por mucho tiempo combatir la pobreza.  Muestra de ello, por ejemplo, es que en Centroamérica se registran indicadores altos de población de cristianos, en contraste con Suramérica, y al mismo tiempo, están ahí varios de los países más pobres del continente.  Apartando en caso Venezuela, que se encuentra en una crisis política y social desde hace una década. 

     ¿Por qué la fe cristiana debe estar ligada a limitaciones económicas?  Porque hemos creído que ser personas de fe es dejarle toda la responsabilidad de nuestra economía al Señor sin nosotros hacer nuestra parte.  ¿Olvidamos la exhortación de Pablo?  Porque incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma.» (2Ts 3:10 NVI). 

     Otra idea importante es que, las limitaciones económicas pueden desviarnos de una vida en el temor del Señor.   El v. 8b dice: No me des pobreza. . .  Y el v. 9b dice: O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.  Agur está especulando.  No quiere decir que todo los que tienen limitaciones financieras salen a robar.  Pero él está considerando el riesgo de estar limitado económicamente, y en el caso que el plantea como más extremo es que “pudiera robar” impulsado por la búsqueda de sustento.  Quizá, con limitaciones económicas no todos hemos optado por hurtar.   Pero, las limitaciones económicas nos afectan en nuestra vida de forma integral.  En ocasiones, ocuparnos de llevar el pan a la mesa ocupa todas nuestras energías y perdemos el fervor de servir en otros escenarios.  ¿Cuántos hermanos optan por no congregarse porque los días del servicio tienen que cumplir compromisos laborales?  Sin pan en la mesa, obviamente el entusiasmo puede verse afectado.  En el caso Venezuela ¿Cuántos pastores hoy han tenido que dejar el ministerio por no tener sustento? No es que Dios ha fallado, es que nuestra visión distorsionada de la provisión nos ha mantenido anclados al conformismo.  Otra pregunta es: ¿Cuántos ha decidido emigrar? 

     Aunque muchos creyentes con bajos recursos no opten por el robo como medida para responder a la crisis, permiten que la premura del pan aleje sus corazones del Señor.  Vivir con limitaciones no puede verse como bendición de Dios.   Agur, sabiamente, pide no vivir en pobreza.  ¿Qué esperamos nosotros?  ¿Cómo las iglesias pueden participar activamente en luchar contra la pobreza en sus propios contextos? ¿Cómo cambiamos la mentalidad de lastimismo de muchos creyentes por una mentalidad de trabajo y esfuerzo honesto? Inclusive ¿Cómo hacemos de esta perspectiva bíblica de las finanzas parte del mensaje de salvación integral?

    Es interesante que Agur pidió ayuda al Señor sobre esto, aunque pidió no estar en la pobreza, tampoco pidió, contrario a lo que podemos pensar a priori, ser enriquecido materialmente.  ¿Representa Agur la búsqueda de una vida equilibrada desde la perspectiva del Reino de Dios?  En otra ocasión, dedicaré algunas líneas a esto.

Abihail Lara

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *